No tengo ni idea, Jose, voy suprimiendo los que puedo. En un momento Blogger me ha dicho que puede que mi blog esté siendo editado por dos personas simultáneamnte o algo así. Estoy de los inquilinos un poco cansada y de meter la pata, hasta... ni se sabe. Y si de verdad hay alguien aquí conmigo, le ruego que, ya puestos, arregle eso de que se acopla el sonido, que me está dejando la cabeza hecha un bombo y, además, me impide disfrutar de la música.
No sé si era más triste la historia de dentro de la historia o la historia en sí. Me ha encantado. La interpretación es buenísima, una voz con personalidad: no hace falta ver al hombre para que logre transmitir todo el sentimiento.
Anderea: Seguramente tienes un virus, troyano o similar. Bájate el Malwarebytes Antimalware gratuito y hazle un escaneo rápido. Te arreglará el desperfecto.
En cuanto a lo del sonido seguramente tienes habilitado el micro y muy cerca de los altavoces. Mira en la configuración de sonido de Windows.
Aunque la situación no tiene mucho que ver, me ha recordado un viaje en un autobús nocturno (las tantas de la mañana) de Príncipe Pío a Móstoles. Había un muchacho de color que estuvo cortejando todo el rato a una muchacha, con tal gracia y tan finamente, que todos los que íbamos en el autobús acabamos aplaudiendo.
Todos ustedes conocen el "Mito de la Caverna" de Platón. Si no es así, disimulen y comiencen a leer.
Nosotros, los habitantes de este blog, que somos más chulos que un ocho, nos hemos sacado de la manga un mito "ad hoc": el "Mito de la Taberna", que para el caso es lo mismo o parecido.
En la taberna se habla de todo lo divino y lo humano y se arregla el mundo en dos patadas, de modo que, como buenos tabernícolas, hemos decidido liarnos la manta a la cabeza y echarnos al monte para hacer lo propio. Si a partir de ahora ustedes ven que el mundo no mejora, no nos culpen, nosotros le ponemos el máximo interés y declinamos cualquier responsabilidad.
Una cosa está totalmente prohibida: que abandonen este blog. Hagan el favor, hombre, tampoco cuesta tanto...
P.S.: Esta introducción está llena de tópicos. No es premeditado, es que el prologuista no da para más, qué le vamos a hacer. Si alguien conoce tópicos más originales (toma contradicción), nos lo haga saber, por favor.
10 comentarios:
¡Uf!
Todavía estoy aturdida.
Magnífica historia y triste.
Muy bien contada.
Sin tener que ver con esto, me llegan los comentarios de Anderea repetidos. Razón?
No tengo ni idea, Jose, voy suprimiendo los que puedo. En un momento Blogger me ha dicho que puede que mi blog esté siendo editado por dos personas simultáneamnte o algo así. Estoy de los inquilinos un poco cansada y de meter la pata, hasta... ni se sabe. Y si de verdad hay alguien aquí conmigo, le ruego que, ya puestos, arregle eso de que se acopla el sonido, que me está dejando la cabeza hecha un bombo y, además, me impide disfrutar de la música.
Pido disculpas y ayuda.
No sé si era más triste la historia de dentro de la historia o la historia en sí. Me ha encantado. La interpretación es buenísima, una voz con personalidad: no hace falta ver al hombre para que logre transmitir todo el sentimiento.
Anderea: Seguramente tienes un virus, troyano o similar.
Bájate el Malwarebytes Antimalware gratuito y hazle un escaneo rápido. Te arreglará el desperfecto.
En cuanto a lo del sonido seguramente tienes habilitado el micro y muy cerca de los altavoces. Mira en la configuración de sonido de Windows.
Jose,
ya pasé el antivirus que me recomendaste. Y hasta parece que lo de la música se ha arreglado.
¡Muchas gracias!
PS: Ahora sólo espero que no os lleguen los mensajes repetidos.
Buena tarde.
De nada y a mandar!
Lo de mandar es broma. Es que es un dicho popular.
Ja, ja, ja... Yo que ya me estaba imaginando... Ja, ja, ja...
Extraordinario guión y una realización impecable.
Aunque la situación no tiene mucho que ver, me ha recordado un viaje en un autobús nocturno (las tantas de la mañana) de Príncipe Pío a Móstoles. Había un muchacho de color que estuvo cortejando todo el rato a una muchacha, con tal gracia y tan finamente, que todos los que íbamos en el autobús acabamos aplaudiendo.
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