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jueves, 26 de marzo de 2015

Cae un avión

Magnífico artículo de Arcadi Espada. Esto es elevar una tristísima y espeluznante anécdota a categoría:

CAE un avión cerca. La distancia sigue siendo importante, aunque mucho menos que hace un siglo. Entonces caían muchos aviones en zonas 'remotas'. Éstas se han reducido. Aunque en grado diverso, una tragedia de aviación conmueve hoy a todo el mundo. Es verdad que el periodismo global lo ha hecho todo espectáculo. Pero a veces ese espectáculo tiene beneficios morales nada despreciables. El espectáculo desprecia las aduanas de la nación y de los continentes para extender la piedad a la especie. El avión que cae conmueve como ningún otro accidente. Primero, por la muerte masiva: una gran piedra caída sobre el charco de la actualidad provoca una gran onda, incomparable con las que provocan cien guijarros. Luego está el ingenio, puramente. Veo la foto del avión caído. Como de bruces. Es la imagen del fracaso. Poco que ver con la del autocar estampado o el tren fuera de las vías. La evidencia de que andamos y no volamos explica que la caída del avión esté instalada en nuestra conciencia como un Ícaro. Desafió. Perdió. Luego está lo más tenebroso. La agonía. Lo que hizo imprescriptible el dolor del 11-S. Los ocho inconcebibles minutos de caída de este avión alemán. El cineasta Claude Lanzmann, el autor de 'Shoah', decía que si él hubiera encontrado un documento gráfico de las cámaras de gas lo habría destruido. Porque nada puede explicar lo que pasó allí dentro. Y nadie puede tampoco, ni podrá nunca, explicar lo que pasó durante esos ocho minutos, en esa nave. Pero que nadie pueda explicarlo no quiere decir que a cada hora de estos días no viajemos constantemente al interior de esa nave, con la imaginación ardiente y el corazón tumefacto.
Nadie podrá explicar qué pasó durante esos ocho minutos; el azar no nos sirve y buscamos causas y culpables.
Por último, la caída de un avión desencadena uno de los ejercicios más apetitosos, y vano tantas veces, que es el de las causas. Como el avión es el transporte más seguro, el fracaso debe rendir cuentas. La conmoción trata de aliviarse con comentarios, especulaciones, hipótesis. Mientras tanto nos explicamos historias para no dormir. Los deportistas suecos que no cogieron el avión previsto porque la escala en Dusseldorf les pareció demasiado larga. Los chavalitos alemanes que estuvieron a punto de perderlo por el descuido de una compañera, ¡'in extremis' resuelto! Estremecidos comprobamos la contundente actividad del azar en estas tajantes maniobras de la vida. Pero nos resistimos a aplicarlas a las causas de que el avión cayera. El azar entonces no nos sirve y buscamos causas y culpables, desafiando incluso toda lógica, seguros de que el azar sólo es el nombre que damos a nuestra ignorancia. Y lo comprendo. Porque éste ha caído, pero otro avión debe subir mañana.
ARCADI ESPADA, El Mundo, 26/03/2015

6 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Brillante artículo. Estremecedor último párrafo. Inquietante lo que por estas horas se conoció sobre el copiloto. La verdad parece asomar el hocico...?

jose dijo...

Un artículo impresionante. Más ahora que sabemos la causa.

Juan Nadie dijo...

Si es verdad lo del copiloto, es tremendo.

marian dijo...

Que lleva razón, siempre es lo mismo.
Una tragedia, sea como haya sido.

Juan Nadie dijo...

No nos acordamos, porque somos olvidadizos para ciertas cosas, quizá afortunadamente (la mente humana tiende a olvidar lo que no quiere recordar), pero si la historia del copiloto Andreas Lubitz es cierta, hay antecedentes: el copiloto egipcio Gameel Al-Balouli estrelló un avión de Egyptair que hacía la ruta Nueva York-El Cairo en 1999, matando a 217 personas. La diferencia es que, antes de estrellarse, Gameel repitió hasta once veces "confío en Dios", lo que hizo sospechar a los investigadores que se trataba de un acto terrorista, cosa que las autoridades egipcias negaron y siguen negando hasta hoy.

Juan Nadie dijo...

Por cierto, el método idéntico: el comandante de la nave, o como lo digan, salió un momento a satisfacer sus necesidades (a mear, vaya) y cuando volvió se encontró la puerta de la cabina bloqueada por el copiloto.

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