Frases del pueblo

Ian Anderson, Carducci String Quartet y John O'Hara - Jethro Tull. The String Quartets (2017)

viernes, 18 de enero de 2008

Y se llama PaPeRo, ¡aguántalo!

Tenían que ser los Japoneses. Se han inventado un sumiller de hojalata, quiero decir un robot entendido en vinos.
Que digo yo que para decirte "se trata de un vino tinto de cuerpo medio con un sabor profundo" no hacían falta tantos tornillos, ni chips.
Eso sí tiene que ser divertido con unas cuantas copas encontrarte en la taberna un sirviente como este, con esa pinta.
















Porque hay que verle para creerle.
Y encima se llama... ja, ja, ja!

jueves, 17 de enero de 2008

Versos tabernícolas

Últimamente me ha dado por escribir y leer poesía. En fin, qué se le va a hacer.
Y leyendo, me he encontrado con estos versos bastante simpáticos de Baltasar del Alcázar, de finales del siglo XVI. Es interesante esta página sobre el autor.
Por cierto, Carlos, si la palabra tabernícola es una idea tuya, me encanta; y si no, también.

CENA JOCOSA

En Jaén, donde resido,
vive don Lope de Sosa;
y direte, Inés, la cosa
más brava de él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués...
Pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.

La mesa tenemos puesta;
lo que se ha de cenar, junto;
las tazas del vino, a punto:
falta comenzar la fiesta.

Comience el vinillo nuevo
y échole la bendición;
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo.

Franco, fue, Inés, este toque,
pero arrójame la bota;
vale un florín cada gota
de aqueste vinillo aloque.

¿De qué taberna se trajo?
Mas ya..., de la del Castillo.
Diez y seis vale el cuartillo,
no tiene vino más bajo.

Por nuestro Señor, que es mina
la taberna de Alcocer;
grande consuelo es tener
la taberna por vecina.

Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Porque allí llego sediento,
pido vino de lo nuevo,
mídenlo, dánmelo, bebo,
págolo y voyme contento.

Esto, Inés, ello se alaba,
no es menester alaballo;
sólo una falta le hallo:
que con la priesa se acaba.

La ensalada y salpicón
hizo fin: ¿qué viene ahora?
La morcilla, ¡oh gran señora,
digna de veneración!

¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundia tiene!
Paréceme, Inés, que viene
para que demos en ella.

Pues, sus, encójase y entre,
que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino,
no se escandalice el vientre.

Echa de lo tras añejo,
porque con más gusto comas.
Dios te guarde, que así tomas,
como sabia, mi consejo.

Mas di, ¿no adoras y aprecias
la morcilla ilustre y rica?
¡Cómo la traidora pica;
tal debe tener de especias!

¡Qué llena está de piñones!
Morcilla de cortesanos,
y asada por esas manos
hechas a cebar lechones.

El corazón me revienta
de placer; no sé de ti.
¿Cómo te va? Yo, por mí,
sospecho que estás contenta.

Alegre estoy, vive Dios.
Mas oye un punto sutil:
¿no pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?

Pero son preguntas viles;
ya sé lo que puede ser:
con este negro beber
se acrecientan los candiles.

Probemos lo del pichel,
alto licor celestial;
no es el aloquillo tal,
no tiene que ver con él.

¡Qué suavidad! ¡Qué clareza!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Qué paladar! ¡Qué color!
¡Todo con tanta fineza!

Mas el queso sale a plaza;
la moradilla va entrando;
y ambos vienen preguntando
por el pichel y la taza.

Prueba el queso, que es extremo,
el de Pinto no le iguala;
pues la aceituna no es mala,
bien puedes bogar su remo.

Haz, pues, Inés, lo que sueles:
daca de la bota llena
seis tragos; hecha es la cena,
levántese los manteles.

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
volver al cuento pasado.

Pues sabrás, Inés hermana,
que el portugués cayó enfermo...
Las once dan, yo me duermo;
quédese para mañana.

martes, 15 de enero de 2008

Elecciones municipales

En realidad no viene muy a cuento de nada, y ni siquiera tengo claro que piense lo que pongo, pero creo que no me ha quedado ni tan mal, así que aquí va. Quien conozca Burgos sabe quiénes son Peña y "Mén-".

Si se ha de elegir alca-
para gobernar la vi-
y no para hacer asti-
los trabajos del contra-,
ni para entregar las lla-
de la pública fortu-
a las empresas constru-
para que toda se lle-,
entonces, lo que se de-
es no votar a ningu-.

Pero si se quiere a al-
para que sirva de puen-
entre ese dinero y Mén-
y con la conciencia en cal-,
Peña ha de ser el alcal-.
Que seríamos muy to-
si, para llevarle al po-,
por sus cantos de sire-
nos dejáramos conve-
y le diéramos el vo-.

¡No me lo puedo de creer!

Al hilo de esta noticia "Los jóvenes ya disponen gratis de su dominio '.es' " se me escurren un par de cosillas.
Por un año, gratis, su dominio .es... y después? Después, chaval, ya enganchado como estás a esto de tener un sitio propio donde con cariño y primor has metido toda clase de cosas que probablemente solo a ti te interesan, a ver si tienes narices de dejarlo. Te pasarás a una cuenta de pago, fijo.
Por otro lado... ¿por qué siempre a los jóvenes? No deberían ser éstos precisamente los menos necesitados de impulsos para conseguir algo, y más en este tema de la informática?
Pero no, será mejor que no se nos esfuercen los chiquillos, no sea que les dé algo...
Y otra cosa. ¿Por qué hay que gastar un montón de pasta de todos nosotros en algo como ésto?
¿Es que no hay ya suficientes sitios en la Red, de gratis, para todos estos nuestros afanes de notoriedad?

Que conste
Nonius

sábado, 12 de enero de 2008

Platón o Jabugo... elige!

Seguro estoy de que todo aquel que nos haya leído ya sabía algo sobre el Mito de la Caverna. Y si no lo habrá buscado; en Internet hay de todo.
El otro día hice yo lo propio, es decir buscar en la Red. Pero mi preocupación no era el mito en sí, que para eso tengo cerca a Alberto que me lo cuenta, sino mirarnos un poco el ombligo (Nadie dixit) y ver en qué posición salía este blog haciendo una búsqueda por "El Mito de la Taberna" en Google.
Pues bien, no quedamos malparados, pero eso ahora no importa mucho. Lo que quería contar hoy aquí es lo que en esa búsqueda encontré.
Por lo que se ve existe un Mito de la Taberna, que no es de Platón sino de Jabugo.
...¿?...
Os juro que nunca había leído tantos desbarres juntos con sentido. Este tío (no tengo ni idea de quién es) es un genio.
Aquí tenéis su famoso Mito de la Taberna, pero no os perdáis la introducción (Perro Hablador) y por supuesto cuando lleguéis al final de la página pinchad en los vínculos Principal y Teorías. Hallaréis un sin fin de bobadas (?) o no tanto.
En fin una página muy curiosa, de alguien que desde luego se lo ha trabajado mucho, para hacernos sonreir un rato y quizá también hacernos pensar.
Porque hasta de las burradas más grandes se pueden sacar conclusiones acertadas.

Es la visión de cada lector y su cultura.

Nonius

miércoles, 9 de enero de 2008

de repente

Y en esas estábamos Nadie y yo cuando, de repente, sin comerlo ni beberlo (bueno... sin beberlo...) se nos ocurrió la feliz idea de un blog comunitario.

Ánimo, que podemos con todo.


Nonius

EL MITO DE LA TABERNA

- Imagina -proseguí- una taberna de amplia entrada, por la que penetra la luz en abundancia; y en el fondo de ella, unos hombres que han estado en ella desde niños, de forma que no conocen otra cosa; y estos hombres se encuentran atados de pies y manos de espaldas a la luz, de modo que les resulta imposible volverse y verla; y delante de los hombres hay una barra, como las que se encuentran de corriente en las tabernas.
- Ya lo veo -dijo.
- Pues bien, ve ahora por debajo de esa barra a unos hombres portando ánforas, de modo que a los prisioneros sólo les resultarán visibles estas últimas; y de estas ánforas unas contendrán cerveza; otras, las más, vino; y finalmente algunas contendrán licores y bebidas espirituosas.
- ¡Qué extraña escena -dijo- y qué extraños prisioneros!
- Iguales que como tú y yo nos encontramos ahora -le repliqué-. Coincidirás ahora en que, puesto que no conocen otra cosa y se ven atraídos a ello por el hambre y la sed, los prisioneros tratarán de alcanzar las ánforas para beber su contenido.
- No podría ser de otra manera -respondió.
- Sin embargo -contesté-, la mayor parte de los prisioneros no podrán tomar en sus manos los recipientes debido a sus ataduras; pero si uno de ellos, liberándose de sus cadenas, llega hasta ellos, tratará inmediatamente de saciar su sed con el vino y la cerveza que contienen.
- Estoy de acuerdo -respondió.
- Ahora bien, a medida que el hombre va llenando su vientre del líquido, se desvanecerá su visión de la barra y de las ánforas; y aparecerán ante él nuevas y variadas imágenes. Y ¿no crees que al principio se verá sorprendido y extrañado por la multiplicidad y el brillante colorido de estas, y no deseará sino volver al lugar que ocupaba junto a los demás prisioneros?
- Así lo creo -dijo.
- Pero, a medida que se adentra en estas imágenes, ¿no juzgará que ellas son la verdadera realidad, y que lo que él tenía por verdadero anteriormente no eran sino sombras?. Y, dado el suficiente tiempo y el suficiente alcohol, ¿no acabará por comprender que de estas visiones emana lo que antes creía la verdadera realidad, y que esta no es sino una imitación de ellas?
- Estoy de acuerdo -dijo-, en la medida en que soy capaz de seguirte.
- Y ¿no consideras que el hombre no querrá ahora en modo alguno volver junto a los demás y, si lo hace, lo que sólo podrá ser cuando sea arrastrado y traído por la fuerza, querrá acercar a los labios de los demás las ánforas de modo que puedan conocer como él la verdadera realidad?
- Sin duda -dijo.
- ¿No hemos de concluir, pues, -dije- que la bebida es la única forma de acceder al verdadero conocimiento y que es ella la que debe dirigir nuestra investigación sobre las Ideas?
- Así lo creo -dijo.

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